25 octubre 2011

Fray Nacho

La ciudad de Castellón de la Plana me vio nacer el día 7 de noviembre del 74. Fui el 3º de 7 hermanos. Misma educación, misma casa y distintos destinos. Debo a mis padres, José Miguel y Marisa la vida, el amor a la música, la voz y mi apertura hacia lo trascendente. Siempre me gustó estudiar y jugar al baloncesto. Preparando la selectividad para entrar en la universidad me surge la pregunta de ¿por qué yo no puedo seguir a Cristo desde la vida religiosa y el sacerdocio?. La parroquia San José Obrero de Castellón, mi grupo juvenil Companys, pero sobretodo el P. Florencio Roselló y mi experiencia de voluntario de prisiones desde los 17 años tuvieron la culpa de ello.


Decidí no precipitarme, empecé la carrera de Psicología. Pronto descubrí que tenía que intentarlo y así fue como pedí el ingreso en la Provincia Mercedaria de Aragón. Al acabar el curso ingresé como postulante en la comunidad de Barcelona, corría el año 93; después un segundo año de postulantado en Zaragoza, un año de Noviciado en el monasterio de El Olivar, y tres años más acabando Teología en Valencia. Marcho después a Barcelona para estudiar la especialidad en Teología Fundamental en Sant Cugat del Vallès. El año 2000 llego a la comunidad de Lleida, mi primer destino oficial. Allí me encargo de los módulos 7 y 11 de la prisión de Ponent y del piso de acogida que la Pastoral Penitenciaria de aquella diócesis tiene para gente que sale de prisión. Una experiencia dura pero muy enriquecedora que me acompaña en los pasos más importantes de mi vida: la profesión solemne, la ordenación de diácono y la ordenación sacerdotal… todo ello el año 2001.

Aún con la inexperiencia del llevar año y medio ordenado sacerdote y sin esperarlo recibo un nuevo destino, la comunidad de Elche, en la que me encuentro actualmente. Desde hace 8 años vivo en esta ciudad que tiene dos patrimonio de la Humanidad, el Misteri D´Elx y el Palmeral, 100.000 palmeras todas protegidas. Actualmente me encargo del Secretariado Diocesano de Pastoral Penitenciaria de Diócesis de Orihuela-Alicante, y soy el capellán, de la prisión de Fontcalent con unos 950 internos. Vivo y gozo, porque en estos primeros años de sacerdocio Dios me ha regalado mucha gente maravillosa que ofrece su vida desde la gratuidad absoluta a la gente que está en prisión, y me ha posibilitado el encontrarme con el rostro sufriente de sus hijos presos y sus familias cada día de mi vida.

El capítulo musical empieza desde bien pequeño. A los 5 años ya cantaba en una coral infantil y es que la música siempre ha sido fiel compañera de camino. No será hasta los 16 años que me regalan una guitarra y empiezo a sacar los primeros acordes y también las primeras canciones. Desde entonces la guitarra y la música son el medio por el que intento hacer oración aquello que vivo, que intuyo y que deseo. Mi música no es más que eso, un deseo, si puede ser, de llegar cada día un poquito más cerca de Dios, aunque soy consciente de que aún estoy demasiado lejos. Dicen que lo importante es caminar. En esas ando, intentando descubrir cómo se vive y dibuja mi vocación mercedaria entre los muros de Fontcalent, compartiendo vivencias, canciones y oración con los jóvenes de la Parroquia San Vicente Ferrer a los que agradezco el que me desinstalen de forma continua para buscar como Dios sale a su encuentro y sobretodo compartiendo vida y oración con mi comunidad de frailes mercedarios a los que agradezco su compañía, apoyo y comprensión.

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